La antigua villa de Morón de la Frontera, situada a unos 60 Kms. al Sureste de la capital, se levanta donde la Campiña se funde con la Sierra Sur sevillana y nacen las primeras estribaciones del sistema Subbético. Es por ello un municipio de accidentada topografía y la ciudad, clásica del corte rural, no está exenta de ese testimonio urbano que denota su formación a partir de un núcleo medieval, que ha desarrollado una industria tradicional de importancia.
Con varios nombres protohistóricos, a partir del siglo III de la era se la nombra Mouror (Morón), vocablo de origen semítico, cuya etimología habría de relacionarse con una colonia de La Mauritania asentada en esta plaza, con anterioridad a la invasión islámica del año 711. Con palpable huella del Paleolítico Medio (cerro de Santiesteban), conversa restos del Calcolítico que van desde los dólmenes de la Morona (Hoyo del Gigante), Armijo, Las Encarnaciones, etc., a los idolillos de factura ibérica encontrados en el Lucurgentum, hoy inmediaciones de la Base Aérea. Prolífera es la huella de civilizaciones que van desde el Bronce final hasta el mundo árabe, de singular importancia y sobre la que destaca su castillo fortaleza.
Morón conserva en nuestros días buena parte de su acervo, traducido en bellas casonas, palacetes, "cillas" e iglesias que jalonan el casco antiguo, de origen medieval, predominantemente castrense, en cuyo centro se encuentran los restos de una iglesia tardo-romana, quizá la primera construcción paleocristiana de Andalucía. Todo ello inmerso en un caserío típico de la Campiña, enriquecido por la presencial del jaspe rojizo, que aporta sus canteras de Pozo Amargo. También destacar su herrería, testimonio de una antigua tradición de fraguas, palpable en sus rejas y balconadas, ricamente trabajadas, que añaden encanto artístico al laberinto urbano formado por estrechas y muchas veces empinadas calles.
Una decena de iglesias de muy distintas épocas y presupuestos, los viejos molinos de aceite y casas de labranza, por entre la fuerte influencia constructiva de los siglos XVII AL XIX, conforma el balance urbano de este pueblo histórico que lucha por la conservación de su patrimonio, adquiriendo y restaurando palacetes dieciochescos (Casa del Agua, El Polvorón, La filipenses, Cilla de la Victoria...) de valores históricos y arquitectónicos, que garantizan el futuro de su fisonomía clásica.
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